Oportunismo imperial
Por Ángel Torres
Ocupación de Haití
La espantosa tragedia que vive el pueblo haitiano está siendo aprovechada por el imperialismo estadunidense para ocupar militarmente su territorio y añadir un punto geográfico más a su estrategia en contra de las naciones iberoamericanas gobernadas por regímenes izquierdistas dispuestos a continuar su emancipación del yugo yanqui.
Tal vez Barack Hussein Obama, presidente de los Estados Unidos, tenía y conserva la intención de ejercer un gobierno distinto del que encabezó el espurio y criminal de guerra George W. Bush.Sin embargo es un hecho que, a un año de haber tomado posesión del cargo, está totalmente sometido a los intereses predominantes en su país.
Hoy por hoy, en la Casa Blanca las decisiones se asumen en la medida que favorecen a la industria bélica -desde siempre principal impulsora de la economía estadunidense-, el gran capital, las transnacionales y los poderes fácticos. A ello obedecen el envío de más tropas a Afganistán, la permanencia en Iraq y los planes para invadir Yemen.
En tanto los programas de Obama para mejorar el sistema de salud tienen muchos opositores y tal vez nunca entren plenamente en vigor para beneficiar a sus empobrecidas mayorías, el aumento de equipo y elementos castrenses en el extranjero cuenta con todo el apoyo de los miembros del Partido Republicano y los cabilderos de la guerra.
Estados Unidos nunca
volverá a tener seguridad
A los grandes ejecutivos del capitalismo bélico yanqui no les importa que ese modo de producción se encuentre en su fase terminal. Tampoco lo comprenden en toda su dimensión. Ellos seguirán vendiendo armas, cada vez más costosas y sofisticadas, para mantener la prosperidad de sus empresas y ese es su único objetivo.
Sin embargo, por más instrumentos de la muerte que fabriquen, Estados Unidos nunca volverá a ser un país estratégicamente seguro. Se han enemistado con los fieles de la religión monoteísta más extendida y fanática del mundo, los que continuarán realizando actos terroristas en suelo gringo. Nada podrá detenerlos. Nada ni nadie.
Lo anterior quedó plenamente demostrado con el intento de Umar Farouk Abdulmutallab, nigeriano que por poco causa la muerte de más de doscientas personas que viajaban en un vuelo de Amsterdam a Detroit. Habrá más y más tentativas, tantas que no podrán ser contenidas. El 11 de septiembre de 2001 tendrá muchas repeticiones.
Evitar otro 11 de septiembre.
Para evitarlo sería necesario que los gringos modifiquen su política de invadir países para exportar su armamento. No lo harán. Ni siquiera la humillante derrota que sus fuerzas armadas sufrieron en Viet Nam, los ha obligado a modificarla. Ahora pierden en Afganistán e Iraq, pero están ocupando militarmente, por enésima, vez a Haití.
Los Estados Unidos gobernaron ese país ininterrumpidamente durante19 años hasta 1934, el periodo más largo de sus varias intervenciones en esa nación antillana, pero al igual que actualmente sucede en la guerras que han provocado en los antes citados países islámicos, su presencia no logró la pacificación y costó muchas vidas de haitianos y gringos.
Es obvio que la destrucción de Haití a causa del terremoto que -según cálculos oficiales- ha causado la muerte de más de cien mil personas, además de miles de heridos y mutilados, no omitiendo que dejó sin vivienda y alimentos a más de tres millones, trata de ser la justificación yanqui a su voraz expansionismo militar.
Semejantes a las aves de rapiña, las tropas yanquis se apoderan de una nación en desgracia. Oportunismo que recuerda al despojo de más de la mitad del territorio de México, aprovechando la debilidad en que surgía nuestro país luego de su larga lucha por la Independencia y los conflictos internos que vivió en la primera mitad del siglo XIX.
Bases adicionales a las de Colombia
Haití es desde ahora una base militar gringa, adicional a las que el régimen del servil Álvaro Uribe Vélez, presidente de Colombia, ha permitido a la Casa Blanca instalar en su país, so pretexto del combate al narcotráfico. Sin que el trasiego de estupefacientes haya disminuido y tampoco la violencia que genera.
Y menos aún, la estancia de fuerzas armadas estadunidenses ha permitido destruir a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia que, sin perjuicio de perder a algunos de sus más importantes líderes, siguen luchando exitosamente contra el gobierno derechista y proyanqui de Uribe Vélez. Mientras tengan el apoyo de su pueblo serán imbatibles.
No van los Estados Unidos a detener la consolidación de regímenes de izquierda como los de Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Guatemala, El Salvador, Uruguay, Argentina y otros. Ya de Cuba ni se ocupan. No es con bases militares como se contienen las luchas de clases, ni con golpes de Estado similares al perpetrado en Honduras.