Asesino
Por Ángel Torres
Masacre en Ciudad Juárez
La fallida guerra al narco
Los diarios Por Esto! que se editan en Mérida, Yucatán, y Benito Juárez (Cancún) Quintana Roo, destacaron (3/II/10) en su principal titular de primera plana y con grandes caracteres, el término "asesino" para referirse a una exclamación dirigida al espurio que arrebató el poder a Andrés Manuel López Obrador, presidente legítimo de México.
En los cintillos, ambos medios establecieron que "llenos de dolor e ira, así le gritaron (al usurpador) familiares de los 18 jóvenes asesinados en Ciudad Juárez" y exigieron al gobernante de facto: "venga a Juárez a encabezar su guerra". En respuesta, el espurio afirmó la hipótesis de que esos homicidios pudieron deberse a rivalidades entre pandillas.
Siempre la canallesca calumnia por delante, único argumento en defensa de su ineptitud y prepotencia habitual en todo su comportamiento, esta vez la abrumadora evidencia de los hechos obligó al ilegítimo a retractarse y aceptar que los jóvenes masacrados eran inocentes. Admisión que no les devuelve la vida. Su error fue estar en una fiesta escolar.
Legitimidad y reconocimiento
de Washington
Y habrá que esperar más víctimas inocentes de una "guerra" emprendida con el único propósito de tratar de alcanzar la legitimidad del espurio en el cargo de elección popular que no le confirieron las urnas, además de obtener el reconocimiento de los Estados Unidos, muy complacidos con que la violencia se desate en nuestro país y no en el suyo.
Al gobierno yanqui le interesa que -sin perjuicio de que un porcentaje altísimo de los consumidores de droga en todo el mundo residan en su territorio- la lucha en contra de los traficantes de estupefacientes se libre allende sus fronteras. Por ello, empieza a saberse, alentaron a este espurio régimen a involucrase en esta fallida "guerra".
Obviamente, la reunión en que participaron Karen Tandy y David Gaddis, agentes de la DEA, por la parte estadunidense, con Eduardo Medina Mora y Genaro García Luna, en representación del espurio en octubre de 2006 (reportaje de Jorge Torres e Ignacio Alvarado, El Universal, 26 de enero de 2010), incluyó una condicionante yanqui.
No fue otra, esa condicionante, que la de reconocer a un régimen surgido de un fraude electoral como es el actual. A cambio, el usurpador y su pandilla, en cuanto detentaran el poder de inmediato desatarían una lucha en contra de los cárteles del narcotráfico. Por ello no medio plan alguno, lo que ha fortalecido enormemente a la delincuencia organizada.
Fortalecimiento del narco
Estados Unidos, como siempre, si bien no hizo pronunciamiento alguno sobre el fraude perpetrado a favor de un militante del Partido Acción Nacional, allá también hay fraudes, tampoco cumplió con el ofrecimiento de proveer de amplios recursos para el combate a los narcotraficantes que hoy tienen más fuerza que antes del inicio de la llamada "guerra".
Así, lo que era un problema de los yanquis, se ha convertido en un baño de sangre para el pueblo de México. Casos como los de los jóvenes juarenses masacrados abundan. Además, la inseguridad ha aumentado exponencialmente, la imagen de nuestro país está por los suelos y la inversión extranjera teme al clima de violencia desatado por el espurio.
Por ello asiste la razón a los habitantes de Ciudad Juárez que exigen al gobernante de facto despachar en esa población fronteriza, a la que sólo ha acudido dos veces y protegido por las Fuerzas Armadas. Sin embargo tendrá que rendir cuentas de su pésima gestión y de su desprecio al pueblo. El próximo sexenio en México no será panista.