Carlos Luna
Periodista desde 1992, ha escrito en Novedades, Diario de Yucatán y El Financiero, entre otros. Es editor de Tvradioriviera.com
Peor aún, en nuestro propio país, somos maltratados en Migración y Aduanas al retornar por el Aeropuerto de Cancún. Y eso que es estos casos no se requiere de una visa.
Eso da una idea de la verdad tras la supuesta pretensión de flexibilzar los viajes para impulsar al turismo: ni el interés económico o la generación de empleos, logra derribar fuertes dosis de rascismo, discriminación, manipulación de reglamentos, corrupción y abuso de poder.
En realidad parece no haber una verdadera convicción de ayudar a los viajeros por lo que el riesgo ante lo cacareado tras el T20 es, una vez más, quedarse sólo en los discursos, que muchas veces parecen una burla.
En los criterios para los migrantes siguen pesando más la dosificación ventajosa de poder, la aplicación de leyes a conveniencia de funcionarios, con todo e interrogatorios tramposos, para llegar al extremo de deportar en condiciones humillantes a cientos de mexicanos desde los aeropuertos de Madrid o Barcelona, por ejemplo.
Los pretextos son muchos, pero en el fondo hay una estrategia para desalentar a cierto tipo de viajeros, por su aspecto, apariencia o nacionalidad.
Por eso parece poco firme lo manifestado en el T20. Y se entiende en las declaraciones con doble fondo y a veces contradictorias: "flexibilizar, sin descuidar la seguridad", uno de los pretextos para rechazar a mexicanos que para nada son unos delincuentes, simplemente, a juicio de algún agente, faltaba algún papel comprobatorio, como un estado de cuenta en tiempo real con el saldo de su tarjeta de crédito, por ejemplo.
Lo de Brasil es más una especie de venganza, que ahí sí están en posibilidad de hacerlo, porque en España han retachado a muchos brasileños. En México, las cosas no están como para despreciar a algún español aunque haya olvidado imprimir su reserva hotelera, pero probablemente sí a un mexicano al regresar a su propio país, interrogado y revisado repetitivamente una y otra vez, con grosería, amenazas e intimidación, sin deberla ni temerla.
A cualquiera se le quitarían las ganas de viajar si supiera que será encerrado y, según algunas denuncias hasta golpeado, para regresarlo a su país, sin que haya violado ninguna ley o tenga alguna mala intención. Su único objetivo era turistear.
O por ser presionado en Cancún hasta el grado de pensar en dar alguna gratificación para ser "perdonado" -de ningún delito o irregularidad- por agentes todopoderosos.
Las tímidas y rolleras "protestas" de la Cancillería mexicana por los casos en España se parecen a los discursos de Gloria Guevara, la titular de Sectur, cuando habla de los "logros del T20", una supuesta disposición a alentar los viajes y hasta los beneficios económicos y en términos de empleo.
Eso parece valerles un cacahuate a los deportadores y maltratadores que se escudan en la manipulación y trampas de reglamentos y procedimientos, tratando a turistas como presuntos culpables, sin ningún apego a la verdad. Se habla incluso de cuotas a deportar contra cada país, para enviar mensajes.
Esos supuestos avances en el marco del T20 que presume la Sectur, contradicen un espíritu creciente contra los viajeros con ejemplos como España, Brasil, México, Cuba y por supuesto Estados Unidos, cuya visa tuvo a bien aceptar México a ciertos extranjeros como garantía de que son bienvenidos, aunque a veces ni en el vecino país del norte los reciban con todo y su documento.
Malas señales para el crecimiento que se pretende en los viajes son estas trampas en los puestos de control, ya de por sí la inseguridad en México ahuyenta, para viajar por nuestro propio país, para que además la supuesta disposición de las naciones por abrirse sea una promesa vaga, según lo que vemos entre destinos que ni siquiera se requieren visa.
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